19 May
19May

Queridos hermanos en nuestro Señor Jesucristo, para tener una vida plena, necesitamos hacer fructificar nuestros dones y talentos, cumplir nuestras obligaciones de estado, tener una vida espiritual saludable; lo cual asegura el crecimiento integral de la persona en su conjunto, el desarrollo sustentable, y la realización de vida. "Yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en más abundancia". San Juan X. 10.

Esto requiere nuestra capacidad aplicada a las obras del día a día, una voluntad determinada, un alma en gracia de Dios, y por supuesto, objetivos muy claros. Es necesario salir de la rutina cotidiana, del estado de somnolencia, despertar en el buen sentido, y aplicarnos con lucidez, vivir con inteligencia, gozar de la paz de los hijos de Dios. 

En primer lugar, debemos conocer el estado que guarda nuestra persona, ¿exactamente cómo nos encontramos?, ¿cuáles son nuestras fortalezas, oportunidades, debilidades, y amenazas?,  ¿cuál es el estado de nuestra alma?... En segundo sitio, definir los objetivos reales que queremos alcanzar, estar conscientes de nuestras limitaciones y obligaciones, así como de nuestra capacidad verdadera. En tercer punto, los medios como los hemos de alcanzar, las etapas que tenemos que pasar, la ayuda que debemos pedir para nuestro bien eterno y temporal. 

"Sano o enfermo, rico o pobre, sabio o ignorante, honrado o despreciado, con éste o con aquél genio, con muchos o pocos dotes, aptitudes y talentos, puedo alabar, hacer reverencia y servir a Dios." San Ignacio de Loyola, ejercicios espirituales.

Es saludable, consultar y asesorarse de personas profesionales en la materia, contar con la ayuda de un director espiritual, libros de lectura espiritual, métodos para examinar nuestra conciencia, maneras acomodadas a nuestra condición de tener recogimiento espiritual, contar con el auxilio de los Sacramentos para nuestro fortalecimiento espiritual, acrecentar la devoción verdadera a la santísima Virgen María; en fin, tener un plan acomodado a nuestras circunstancias particulares. 

Un elemento que afecta con frecuencia es el desánimo, la falta de perseverancia, bien porque se ponen objetivos desproporcionados, bien por los errores, caídas y recaídas en la vida espiritual. 

Roguemos a la augusta Madre de Dios, nos alcance las gracias necesarias para nuestra reforma de vida, perseveremos en nuestros santos propósitos, pidamos la ayuda de los bienaventurados y de las personas instruidas en la materia. 

"No te ruego, que los quites del mundo, sino que los guardes del mal. No son del mundo, así como tampoco yo soy del mundo. Santifícalos con tu verdad. Tu palabra es la verdad." San Juan XVII, 15.


Que Dios te bendiga.



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