15 Feb
15Feb

Queridos hermanos en nuestro Señor Jesucristo, la vida es breve y debemos aprovechar el tiempo para nuestra eterna bienaventuranza, ¡es hora de despertar!, insta san Pablo a los romanos. 

"El amor del prójimo no obra mal. Y así la caridad es el cumplimiento de la ley. Y esto sabiendo el tiempo: que es ya hora de levantarnos del sueño. Porque ahora está más cerca nuestra salud, que cuando creímos. La noche pasó, y el día se acercó. Pues desechemos las obras de las tinieblas, y vistámonos las armas de la luz. Caminemos como de día, honestamente: no en glotonerías y embriagueces, no en sensualidades y disoluciones, no en pendencias y envidia: Mas vestíos de nuestro Señor Jesucristo." Romanos XIII, 10. 

Requerimos un catolicismo de altura, con ideas claras, con objetivos concretos, con los medios adecuados, conforme a nuestro estado y condición de vida particular. 

Dejar de quejarnos, de culpar al universo mundo de nuestras limitaciones y carencias, de permanecer en una actitud de espera a que venga alguien a resolvernos la vida; cuando, la vida del hombre sobre la tierra es milicia, escribe el santo Job; tenemos un fin específico al cual no podemos renunciar, a saber: "El hombre es criado para alabar, hacer reverencia y servir a Dios Nuestro Señor y, mediante esto, salvar su alma." San Ignacio de Loyola, ejercicios espirituales. 

Lo que está en juego es nuestra eternidad, sea en el cielo o en el infierno, no debemos vivir en un sistema de adormecimiento espiritual, de convivencia habitual con el pecado mortal, ¡aprovechemos la vida que tenemos!

Recordemos que existen tres grandes enemigos que hacen alianza: el mundo, el demonio y la carne; los cuales trabajan sin descanso buscando nuestra condenación eterna, no debemos permitirnos una vida espiritualmente inactiva.

¡Ánimo, queridos hermanos!, vida solo hay una, el tiempo no regresa, debemos revestirnos de la armadura de Dios como enseña san Pablo, ejercitarnos en el buen combate, invertir el tiempo en nuestra salvación eterna, implorar el patrocinio de la bienaventurada siempre Virgen María, la intercesión de los Santos, las luces del Espíritu Santo, para vivir de tal manera, que estemos haciendo buen uso del tiempo que  la Providencia nos concede, dando fruto del ciento por uno, todo en miras a la mayor honra y gloria de Dios nuestro Señor. 

Vivamos bien, y serán buenos los tiempos. Los tiempos somos nosotros; como somos nosotros, así son los tiempos.” San Agustín, sermón LXXX. 


Dios te bendiga.



Comentarios
* No se publicará la dirección de correo electrónico en el sitio web.