21 Jan
21Jan

Queridos hermanos en nuestro Señor Jesucristo, cuanta necesidad tenemos de la oración para llevar una vida cristiana, es en ella donde nos comunicamos con Dios, donde imploramos las gracias y exponemos nuestras necesidades; pero es ahí, donde las ocupaciones del día a día nos quitan las energías, el tiempo y el recogimiento espiritual para acercarnos cada día a la oración. La oración es la elevación del alma a Dios, para adorarle, darle gracias, implorar perdón por nuestros pecados y pedirle lo que necesitamos. 

Pobres hermanos que después de una ardua jornada de trabajo en un día cotidiano, llegan a su casa para merecer sus alimentos y reparar sus fuerzas, quedando poco tiempo para cumplir las obligaciones de estado; que difícil resulta rezar con atención, con calma el santo Rosario, realmente se requiere una gracia especial para llevar una vida de oración. 

Rezar para rezar, es un consejo espiritual, rezar oraciones jaculatorias, oraciones mentales, cortas, pero con unción, implorando la gracia de poder hacer oración; darnos un tiempo cada día para unir nuestra alma con Dios mediante la oración, dichosas las almas que tengan esta santa resolución.

"Levanta, pues, tu rostro al cielo; mírame a Mí y conmigo a todos mis Santos, los cuales tuvieron grandes combates en este siglo; ahora se regocijan, y están consolados y seguros; ahora descansan en paz, y permanecerán conmigo sin fin en el reino de mi Padre." Imitación de Cristo III, XLVII, 4. 

Sea nuestro propósito seguir los pasos de nuestro Señor Jesucristo en las condiciones particulares que la Providencia determine para cada uno de nosotros, combatir el buen combate por el reino de los cielos, para lo cual es muy de aconsejar rezar cada día despacio, con atención y piadosamente el santo Rosario, medio seguro de salvación eterna. 

"Aún cuando os hallaseis en el borde del abismo o tuvieseis ya un pie en el infierno; aunque hubieseis vendido vuestra alma al diablo; aun cuando fueseis un hereje endurecido y obstinado como un demonio, tarde o temprano os convertiréis y os salvaréis, con tal que (lo repito, y notad las palabras y los términos de mi consejo) recéis devotamente todos los días el Santo Rosario hasta la muerte, para conocer la verdad y obtener la contrición y el perdón de vuestros pecados." San Luis María G. de Montfort, El secreto del Rosario.  


Dios te bendiga.



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