05 Oct
05Oct

Queridos hermanos en nuestro Señor Jesucristo, nuestra muerte es el encuentro con el Autor de nuestra vida, nuestro cuerpo se ha de convertir en polvo hasta la resurrección de los muertos, nuestra alma es inmortal, de ahí la importancia de recordar nuestro fin nobilísimo, de vivir conforme al fin para el cual hemos sido creados, a saber: "El hombre es criado para alabar, hacer reverencia y servir a Dios nuestro Señor y, mediante esto, salvar su alma." San Ignacio de Loyola, ejercicios espirituales. 

Tenemos un alma que no puede morir, que es inmortal, que subsiste a la muerte después de la separación con el cuerpo, en la cual debemos aprovechar el tiempo de vida que tengamos durante nuestra estadía en la tierra, ¡es nuestro motivo de vivir!

"Cada hombre posee un alma individual e inmortal (de fe)." Ludwig Ott, manual de teología dogmática, página 167.

La muerte es el encuentro con Dios, donde tiene lugar el juicio particular y la sentencia eterna, es el momento más importante de nuestra vida, donde se define el destino eterno: cielo o infierno. 

"Inmediatamente después de la muerte tiene lugar el juicio particular en el cual el fallo divino decide la suerte eterna de los que han fallecido (sentencia próxima a la fe)."Ludwig Ott, manual de teología dogmática, página 697.

Dios en su infinita misericordia ha establecido el sacramento de la confesión, donde se nos perdonan todos los pecados que confesemos, al igual que la sagrada comunión donde recibimos el cuerpo, sangre, alma, y divinidad de nuestro Señor Jesucristo; grande es verdad el amor de Dios nuestro Señor que vive en nosotros por la gracia, por la cual podemos hacer actos meritorios para la eternidad, la cual nos abre las puertas del paraíso. 

"Jesús respondió, y le dijo: Si alguno me ama, guardará mi palabra. Y mi Padre le amará, y vendremos a él, y haremos morada en él." san Juan XIV, 23.

De aquí, amados hermanos, el daño tan grande que ocasiona el pecado mortal en nuestra alma, destruye la imagen de Cristo, nos hace reos de condenación eterna, nos priva de la gracia, nos separa del cielo eterno para el cual hemos sido creados, tiene consecuencias catastróficas para nuestra salud espiritual. 

"En todo pecado, el hombre se deja influenciar por el seductor original. Todo pecador, al pecar, se pone del lado de los enemigos de Dios, siendo el diablo el primero de ellos. El pecador se somete al diablo cuando deja de obedecer a Dios. El hombre no puede salir de la siguiente alternativa: o se somete a Dios o queda sometido al diablo". Michael Schmaus, Teología Dogmática, tomo II, § 124, página 274. 

Roguemos a la augusta Madre de Dios, se digne iluminar nuestro entendimiento para vivir la fe, para conocer la fealdad del pecado y la grandeza de la gracia, nos conceda la santa perseverancia hasta alcanzar nuestra salvación eterna. 


Dios te bendiga.



   

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