14 Sep
14Sep

Queridos hermanos en nuestro Señor Jesucristo, en la vida espiritual hay altibajos, días de fortaleza y solidez, como otros de incertidumbres, tentaciones, e incluso de fracasos; esto provoca que algunas almas se alejen del sendero espiritual, que se consideren que no son llamadas a la vida interior, lo cual es una tentación del demonio fundada en las derrotas o dificultades que pretende hacer desistir al alma de sus santos propósitos. 

Todos los hombres hemos sido creados a imagen y semejanza de Dios nuestro Señor, como atestigua el Génesis, tenemos un alma que salvar, un camino que recorrer, una cruz que cargar durante el transcurso de la vida. 

El demonio, como principal enemigo de nuestra salvación eterna, busca nuestra condenación, valiéndose de todo tipo de tentaciones, sugestiones, infestaciones, raciocinios que nos aparten de Dios, pero nosotros debemos hablar de todos estos pensamientos, movimientos, y sentimientos, en el sacramento de la confesión, para que sea evidenciada la labor del tentador, que muchas veces se disfraza incluso de ángel de luz para hacer su nefasta labor. 

En la infinita sabiduría de nuestro Señor, permite que seamos tentados para bien y provecho de nuestras almas, así como aconteció en la vida del santo Job, donde el demonio lo atacó en sus bienes materiales, en a vida de su familia, y en su salud física, buscando que renegara de Dios; el santo Job lo acepto como venido de la mano de Dios y lo llevo con paciencia sin renegar, lo cual lo santificó, de tal suerte que el demonio quedo confundido y humillado. 

"Y dijo: desnudo salí del vientre de mi madre, y desnudo volveré allá: el Señor lo dio, el Señor lo quitó: como agradó al Señor, así se ha hecho: bendito sea el nombre del Señor. En todas estas cosas no pecó Job con sus labios, ni habló contra Dios alguna cosa necia." Job I, 21.

Por eso, queridos hermanos, requerimos rezar, para alcanzar las gracias necesarias, la ayuda celestial para sobreponernos en la oscuridad del espíritu, el auxilio de los sacramentos para estar sobrios y vigilantes, el patrocinio de la Madre de Dios que nos permita liberarnos de las tinieblas de las tentaciones.

"Sed sobrios, y velad: porque el diablo vuestro adversario anda como león rugiendo al rededor de vosotros, buscando a quien tragar. Resistidle fuertes en la fe: sabiendo que vuestros hermanos esparcidos por el mundo, sufren la misma tribulación. Mas el Dios de toda gracia, el que nos llamó en Jesucristo a su eterna gloria, después que hayáis padecido un poco, él os perfeccionará, fortificará, y consolidará." San Pedro V, 8. 

La Divina Providencia siempre nos ha de acompañar, nos ha de conceder las gracias necesarias para cargar con nuestra cruz, para resistir a las tentaciones, pero es necesario corresponder con nuestra libre voluntad, con una determinada determinación para no ofender a Dios nuestro Señor, para lo cual debemos ejercitarnos cada día en pequeños actos para mantenernos sobrios y vigilantes. 

Roguemos a la augusta Madre de Dios, se digne bendecirnos, protegernos, amparadnos de las asechanzas del mundo, del demonio, y de la carne. 


Dios te bendiga.


 

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