26 Sep
26Sep

Queridos hermanos en nuestro Señor Jesucristo, los avances o retrocesos en la vida espiritual no se presentan al acaso o por casualidad, son fruto de pequeñas acciones o descuidos que sumados han de presentar sus resultados, por lo cual, es preciso entender la magnitud de lo ordinario, de la suma de nuestros trabajos de cada día, por sencillo e insignificante que pueda parecer a los ojos de los hombres, tarde que temprano cosecharemos lo que hemos sembrado. 

"Porque aquello que sembrare el hombre, eso también segará. Y así el que siembra en su carne, de la carne segará corrupción: mas el que siembra en el espíritu, del espíritu segará vida eterna. No nos cansemos pues de hacer el bien: porque a su tiempo segaremos, si no desfallecemos. Y así mientras tenemos tiempo, hagamos bien a todos, y mayormente a los domésticos de la fe." Romanos VI, 8.

Vale la pena hacer con atención nuestras oraciones de la mañana y de la noche, rezar nuestro santo rosario completo o por partes, la frecuencia de los sacramentos, la devoción a la Madre de Dios, la invocación de los bienaventurados de nuestra particular devoción, la lectura espiritual, la meditación de las verdades eternas, el uso de las jaculatorias; en fin, son las pequeñas acciones repetidas todos los días las que hacen una vida católica o pagana, según sea nuestro comportamiento e intención durante el tiempo de nuestra vida.

¿Por qué dejar las cosas para mañana?, ¿quién nos asegura que hemos de vivir y tener la firme resolución de mejorar?... Recordemos: Dios, que promete perdonar al arrepentido, no ha prometido esperar al pecador que difiere su conversión. 

Con este momento es con el que contamos, pues el pasado ya no es, y el futuro es incierto, solo tenemos el presente para movernos a amar y servir a Dios nuestro Señor, para corregirnos, para vivir en gracia de Dios, para alcanzar el Reino.  

"Que haría un condenado si tuviese el tiempo que yo tengo? Y yo, ¿qué hago?..."

Roguemos a la augusta Madre de Dios, se digne bendecirnos, movernos a llevar vida de santidad conforme a nuestro estado y condición, concedernos las gracias necesarias para amar y servir a Dios nuestro señor. 

"¿Cuándo, cuándo acabaré de decidirme? ¿Lo voy a dejar siempre para mañana? ¿Por qué no dar fin ahora mismo a la torpeza de mi vida?" San Agustín, Confesiones, capítulo XII, página 154.


Dios te bendiga.



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