07 Oct
07Oct

Queridos hermanos en nuestro Señor Jesucristo, nosotros debemos fijar nuestro objetivo claro en la vida, para no extraviarnos o entretenernos en las ocasiones que a diario se nos presentan, que pueden ser importantes, pero no tan fundamentales como es nuestra eterna salvación.

¿Cuál es el mayor bien que podemos hacer a nuestro prójimo?, ¿cuál es el mayor servicio que podemos prestar a nuestro Divino Redentor?... En definitiva, la salvación eterna de nuestra alma y de muchas más.

"Os digo, que así habrá más gozo en el cielo sobre un pecador que hiciere penitencia, que sobre noventa y nueve justos, que no han menester penitencia." San Lucas XV, 7. 

Necesitamos centrar nuestro pensamiento, focalizar nuestro objetivo fundamental, vivir el principio y fundamento de nuestra existencia, a saber: "El hombre es criado para alabar, hacer reverencia y servir a Dios nuestro Señor y, mediante esto, salvar su alma." San Ignacio de Loyola, ejercicios espirituales. 

El gran logro es conjugar nuestro principio y fundamento de vida con las labores del día a día; compaginar nuestra santificación con nuestras obligaciones de estado, y con nuestra manera de vivir en el mundo, porque es fácil olvidarnos del fin de nuestra existencia en medio de las labores cotidianas, máxime si recordamos que tenemos tres enemigos de nuestra alma, los cuales hacen alianza para apartarnos de nuestra salvación, a saber: el mundo, el demonio, y la carne.

"Porque nosotros no tenemos que luchar contra la carne, y la sangre: sino contra los principados, y potestades, contra los gobernadores de estas tinieblas del mundo, contra los espíritus de maldad en los aires. Por tanto tomad toda la armadura de Dios; para que podáis resistir en el día malo, y estar cumplidos en todo." Efesios VI, 12. 

Por esto, es importante la meditación frecuente de las verdades eternas, que unida a la lectura espiritual y a la instrucción religiosa, son el alimento del intelecto, el recordatorio del principio y fundamento, nuestra configuración acorde al espíritu del santo Evangelio; ¿cómo amar lo que no se conoce?, ¿cómo revestirnos de Cristo sin conocer su doctrina?, ¿cómo ejercitarnos en el buen combate si desconocemos su existencia?... 

"Las cosas de este mundo fueron dadas al hombre para que le ayuden a conseguir su fin, que de ellas tanto debemos usar cuanto sirven al fin, y tanto dejar o quitar cuanto nos impiden." San Ignacio de Loyola, ejercicios espirituales. 

El mayor bien y provecho nuestro, del prójimo, y de nuestra patria, es ayudar a que Cristo reine en nuestros corazones, ser cooperadores de la salvación eterna de las almas, llevando el buen olor de Cristo con la libertad de los hijos de Dios. 

De aquí la importancia de frecuentar los sagrados sacramentos, de tener fe en la santa misa, devoción a la santísima Virgen María, oración frecuente, rezar el santo rosario cada día, examinar nuestra conciencia; en síntesis, vivir el Evangelio. 

Roguemos a la augusta Madre de Dios, se digne bendecirnos, amparadnos, y socorrernos en nuestro caminar por este mundo, hasta entrar en las mansiones eternas para ver y gozar de Dios nuestro Señor en compañía de los ángeles y bienaventurados. 


Dios te bendiga.



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