13 Aug
13Aug

Queridos hermanos en nuestro Señor Jesucristo, debemos pensar seriamente en nuestra salvación eterna, tomar conciencia del fin de nuestra existencia, asumir la responsabilidad de nuestra vida entorno al motivo de nuestra estadía en la tierra, ¿qué estoy haciendo con mi vida?, ¿si en este momento muriera cuál sería mi destino eterno?, ¿a dónde me dirijo con la vida que llevo?... Alma solo tenemos una, la cual hemos de salvar: "Salvada el alma, todo está salvado; perdida el alma, todo está perdido, y perdido para siempre." 

Es saludable destinar un tiempo para el retiro espiritual, para las meditaciones espirituales, donde reflexionemos sobre nuestra vida, costumbres, y conducta que estamos teniendo, ¿a dónde nos dirigimos con esta vida... al cielo o al infierno?, Dios siempre nos concede las gracias necesarias para corregir nuestros hierros, para enderezar nuestra vida, para redireccionarla a la eterna bienaventuranza.

"Buscad pues primeramente el reino De Dios, y su justicia: y todas estas cosas os serán añadidas. Y así no andéis cuidadosos por el día de mañana. Porque el día de mañana a sí mismo se traerá su cuidado. Le basta al día su propio afán." San Mateo VI, 33. 

Con mucha facilidad nos podemos descuidar, envolvernos en los compromisos del mundo, con prejuicio de nuestra salud espiritual,  y al final, trae un momento de gozo temporal, y una soledad espiritual, un descuido personal que corremos el riesgo de acostumbrarnos a vivir en el olvido de nuestra alma, de nuestra salvación, buscando solo paliativos que temporalmente nos brinden consuelos.  

Ánimo, queridos hermanos, debemos querernos, tenernos caridad verdadera, proveer de nuestro bien espiritual, ¿si nosotros no nos cuidamos, quién lo hará?... La caridad comienza por nosotros mismos, procurando nuestro bien eterno y temporal. 

"Donde hay caridad y amor, allí está Dios. Estando, pues, congregados en uno, evitemos el andar desunidos en espíritu; cesen las malignas rencillas, cesen las luchas, y en medio de nosotros esté Cristo Dios." Himno: Ubi caritas.

Procuremos nuestro bien frecuentando los sagrados Sacramentos, aumentando nuestra fe en la santa Misa, teniendo meditaciones frecuentes sobre las verdades eternas, procurando la devoción a la bendita Madre de Dios, invocando la intercesión de los Santos, practicando el examen de conciencia; en síntesis, llevemos una vida católica. 

Roguemos a la augusta Madre de Dios, nos alcance las gracias necesarias para vivir en amistad con su divino Hijo, para realizarnos conforme a nuestro estado, vocación, y condición, para alcanzar la eterna bienaventuranza. 


Dios te bendiga.


    

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