27 Jul
27Jul

Queridos hermanos en nuestro Señor Jesucristo, nosotros somos un compuesto de alma espiritual y cuerpo material, ambos elementos nos constituyen, hemos sido creados por Dios nuestro Señor, para amarle por sobre todas las cosas en la tierra, para ver y gozar de Él en la eternidad. Aquí se resume la esencia de nuestra vida, la razón de nuestra estadía sobre la tierra, el principio y fundamento. 

Estamos tan íntimamente unidos a nuestro Creador, que hemos sido creados a su imagen y semejanza, que nuestra alma es un templo consagrado a la Santísima Trinidad el día de nuestro bautismo, de tal manera que el mismo Dios viene a morar dentro de nosotros por la gracia, se nos da en alimento en la sagrada Comunión, y así nos revestimos de Cristo, llevando su buen olor en todas nuestras obras. 

"La gracia santificaste convierte al justo en templo del Espíritu Santo (sentencia cierta)". Ludwig Ott, Manual de teología dogmática, página 396.

La ruina de la vida espiritual, y la descomposición de nuestro fin nobilísimo tiene su origen en el pecado mortal, que es la transgresión de la ley de Dios en materia grave, provocando una ruptura, una separación con el Autor de nuestra vida.

"En todo pecado, el hombre se deja influenciar por el seductor original. Todo pecador, al pecar, se pone del lado de los enemigos de Dios, siendo el diablo el primero de ellos. El pecador se somete al diablo cuando deja de obedecer a Dios. El hombre no puede salir de la siguiente alternativa: o se somete a Dios o queda sometido al diablo". Michael Schmaus, Teología Dogmática, tomo II, § 124, página 274. 

Perdemos el sentido de nuestra vida cuando nos sometemos al demonio por la esclavitud al pecado mortal, por la reincidencia en el hecho que nos aparta de Dios. 

Nuestra fortaleza, vitalidad, y principio de vida sobrenatural se encuentra en la unión con Dios nuestro Señor, pero nos ha creado libres, respeta nuestra libertad, y del uso del libre  albedrío depende la eternidad, la salvación o condenación eterna, de los méritos que alcancemos con la gracia o de los pecados que cometamos sin arrepentimiento sincero. 

Por esto, queridos hermanos, la caridad inicia por uno mismo, a Dios lo podemos encontrar dentro de nosotros por la gracia, por esto san Agustín escribió: "¡Tarde te amé, Belleza siempre antigua y siempre nueva! Tarde te amé. Tú estabas dentro de mí, pero yo andaba fuera de mí mismo, y allá afuera te andaba buscando." Confesiones, libro X, capítulo XXVII. 

Es aconsejable dedicar unos días, momentos u horas al retiro espiritual, en la soledad y el silencio unido a la gracia de Dios, para analizar nuestra vida, el uso de nuestra libertad, de los dones y talentos que hemos recibido; tiempo para platicar con Dios, para implorar su misericordia, para reestructurarnos y revitalizarnos a la luz del Espíritu Santo. 

Roguemos a la augusta Madre de Dios, se digne alcanzarnos las gracias necesarias para vivir católicamente, para reconfigurarnos a los pies de nuestro Divino Redentor. 


Dios te bendiga.


 

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