06 Aug
06Aug

Queridos hermanos en nuestro Señor Jesucristo, relativamente fácil es comenzar el camino de nuestra conversión hacia la vida espiritual en seguimiento de los pasos de nuestro Divino Redentor, lo que es más complicado, es mantenerse, perseverar en el estado de vida que hemos elegido llevar, porque implica renunciar a costumbres y amistades que nos apartan de Dios, a las incitaciones de nuestra concupiscencia, se requiere una determinada determinación para guardar los mandamientos, para conocernos realmente, para aumentar nuestros dones y talentos, para servir a Dios nuestro Señor como él quiere ser servido: en la riqueza o en la pobreza, en la salud o en la enfermedad, en la vida larga o corta, con muchos o pocos talentos. 

Algunas almas, buscan ávidamente el gozo sensible en el servicio de Dios, sentir el alivio espiritual que nos ayuda a llevar las penalidades de la vida espiritual, pero en ocasiones, encontraremos arideces, sequedades espirituales, noches oscuras, que sean permitidas por la Providencia para desapegarnos de las criaturas, para purificar nuestras intenciones, para buscar al Dios de los consuelos y no los consuelos de Dios. 

"Las sequedades son unas privaciones de los consuelos sensibles y espirituales que favorecen la oración y el ejercicio de la virtud. A pesar de todo el trabajo que pongamos en la oración, no sentimos gusto en ella, sino, muy al revés; enfado y cansancio; se nos hace muy largo el tiempo de ella; parecen estar dormidas la fe y la confianza, y el alma, en vez de estar despierta y alegre, vive en una especie de modorra: no hace cosa alguna, sino a fuerza de voluntad. Es ciertamente un estado muy doloroso; pero también tiene sus ventajas." Padre Adolfo Tanquerey, Compendio de teología ascética y mística, página 601, No. 925. 

Debemos crecer en la vida espiritual, robustecer nuestra fe, de tal manera, que no andemos tras los consuelos como niños buscando caramelos, antes al contrario, que en las condiciones y circunstancias que la Providencia determine para cada uno de nosotros, estemos firmes en el servicio a nuestro Señor, sea que el mundo nos sonría, o que la adversidad se detiene en nuestro camino, debemos continuar en la vida espiritual buscando amar a Dios con todo nuestro corazón, con toda nuestra alma, con todo nuestro entendimiento, y a nuestro prójimo como a nosotros mismos; y no, pretender servirnos de Dios, buscando nuestro beneficio personal en cada paso, hacer depender nuestra vida espiritual del cómo nos sentimos, esto resulta simplemente catastrófico.

"Gran cosa es y muy grande ser privado, y carecer de consuelo divino y humano, y querer sufrir de gana destierro de corazón por la honra de Dios y en ninguna cosa buscarse a sí mismo, ni mirar a su propio merecimiento." Imitación de Cristo, II, IX, 1. 

Tampoco es bueno buscar en todo la abyección, la tribulación, y la aflicción, sino amar la voluntad de Dios, abrazar la cruz de cada día, conformarnos alegremente en los designios de la Divina Providencia sobre nosotros, porque la santificación no se encuentra en el sufrimiento per se, sino en la voluntad de Dios, en el camino que determine para nosotros, nos conoce perfectamente, sabe de lo que somos capaces, nos ha concedido nuestros dones y talentos, las gracias que nos han de acompañar en nuestra vida.

"Mas los que aman a Jesús por el mismo Jesús y no por alguna propia consolación suya, bendícenle en toda tribulación y angustia del corazón, tan bien como en consolación. Y aunque nunca más les quisiere dar consolación, siempre le alabarían y le querrían dar gracias." Imitación de Cristo, II, XI, 2.

Roguemos a la augusta Madre de Dios, se digne bendecirnos y nos haga conformarnos alegremente en la voluntad de Dios nuestro Señor, en la riqueza y en la pobreza, en la salud y en la enfermedad, en la vida larga y en la vida corta, buscando y amando únicamente la mayor honra y gloria de Dios. 


Dios te bendiga.


 

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