14 Aug
14Aug

Queridos hermanos en nuestro Señor Jesucristo, todo el que se ensalza será humillado, y el que se humilla será ensalzado, dice Cristo nuestro Redentor, sencillas palabras que nos muestran la inclinación natural de nuestra frágil naturaleza, inclinada a los halagos, a la primacía, a ensalzarse; por esta razón en ocasiones nos cuesta trabajo aceptar y reconocer los éxitos, aciertos, y buenas obras de nuestro prójimo, porque consideramos que sus hechos disminuyen nuestra gloria o alabanza, lo cual tiene su origen en el amor propio o soberbia, a la que se le facilita creer y aceptar lo malo de los demás.

Lo cierto es que somos simples seres humanos, que heredamos el pecado original y sus repercusiones espirituales, las cuales nos piden la gracia de Dios, para vivir santamente, para practicar la santa virtud de la humildad, la cual nos hace entre otras cosas reconocer y complacernos en los éxitos de nuestros semejantes. 

Muy clara es la parábola del publicano y el fariseo en el santo Evangelio, nos muestra la enfermedad de la soberbia, que en alguna manera el género humano adolece, pero con la ayuda de la gracia, la libre voluntad, y el entendimiento podemos darle el antídoto de la humildad, enseñada por nuestro Señor Jesucristo en palabras y obras. 

"Y dijo también esta parábola a unos, que fiaban en sí mismos, como si fuesen justos, y despreciaban a los otros: Dos hombres subieron al templo a orar: el uno fariseo, y el otro publicano. El fariseo estando en pié, oraba en su interior de esta manera: Dios, gracias te doy porque no soy como los otros hombres, robadores, injustos, adúlteros: así como este publicano. Ayuno dos veces a la semana: doy diezmo de todo lo que poseo. Mas el publicano, estando lejos, no osaba ni aun alzar los ojos al cielo: sino que hería su pecho diciendo: Dios, muéstrate propicio a mí pecador. Os digo, que este, y no aquel, descendió justificado de su casa: porque todo hombre que se ensalza, será humillado: y el que se humilla, será ensalzado." San Lucas XVIII, 9. 

¿De qué nos podemos gloriar, si aún lo bueno que hay en nosotros es por gracia de Dios?... Los dones y talentos, los hemos recibido de Dios, al igual que la vocación; incluso lo bueno que hay en nosotros es por influjo de la gracia, ¿de qué nos podemos ensalzar o gloriar?... 

"Pues hay repartimientos de gracias, mas uno mismo es el Espíritu. Y hay repartimiento de ministerios, mas uno mismo es el Señor: Y hay repartimiento de operaciones, mas uno mismo es el Dios, que obra todas las cosas en todos. Y a cada uno es dada la manifestación del espíritu para provecho... Mas todas las cosas obra solo uno y el mismo Espíritu, repartiendo a cada uno como quiere." Corintios XII, 4.  

Seamos agradecidos con los dones y talentos que hemos recibido, así espirituales como materiales, procuremos alegrarnos con los aciertos de nuestros hermanos, que a fin de cuentas, son dones de Dios secundados por la libre voluntad. Evitemos hacer burla, defenestrar, o complacernos en los errores de los demás, pues recordemos que el que se ensalza será humillado. 

Roguemos a la augusta Madre de Dios, se digne bendecirnos con toda clase de gracias que nos ayuden a servir a nuestros hermanos, inspirar paz y tranquilidad a los corazones agitados por el mundo, demonio y carne. 


Dios te bendiga.


   

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