16 May
16May

Queridos hermanos en nuestro Señor Jesucristo, la vida espiritual requiere determinación, la firme decisión de tomar nuestra cruz, cargar con ella en pos de nuestro Divino Redentor, buscando en todo la mayor gloria de nuestro Señor, el bien de las almas, y la exaltación de la Iglesia. 

Uno de los óbices es que en ocasiones queremos hacer consistir la vida espiritual en sentimientos, que en definitiva son una ayuda, pero no siempre nos son concedidos, ya que hay momentos o periodos de sequedades espirituales, noches oscuras, donde desaparece el gozo sensible, por esto santa Teresa decía: buscar al Dios de los consuelos, no los consuelos de Dios. 

Tenemos que configurar nuestra vida con las prácticas de piedad cristiana, de tal manera que sea parte de nuestra manera de vivir la oración, la meditación, la lectura espiritual, la frecuencia de los sacramentos, la devoción a la bendita Madre de Dios; es decir, configurar nuestra vida con Cristo nuestro Señor, que no sea ajeno a nuestra vida, a tal grado, de poder decir con el apóstol: ya no vivo yo, sino que es Cristo quien vive en mí.

Regularmente, al principio experimentamos el placer sensible, pero suele suceder que al paso del tiempo suelen descuidarse las prácticas de piedad cristiana, hacerse con prisa o mal hechas, hasta que se tienden a omitir o verlas como una carga; es ahí donde debemos estar conscientes de que no siempre experimentaremos placer sensible o gozo espiritual. 

Se complica más el camino cuando sufrimos el asedio de las tentaciones, ante las caídas y recaídas, ante los errores e imperfecciones de nuestra humana naturaleza, y esto, porque a veces se llega a concebir un camino si dificultades, sin luchas ni errores, imaginando un camino siempre ascendente, cayendo en las ilusiones que al ver la realidad solemos desalentarnos o perder el ánimo por buscar nuestra salud espiritual. 

"Porque siete veces caerá el justo, y siempre volverá a levantarse; al contrario, los impíos se despeñarán más y más en el mal." Proverbios XXIV, 16. 

Olvidando que regularmente las almas más tentadas son las que se esfuerzan por vivir en gracia de Dios, las que tratan de llevar vida espiritual, y es ahí donde debemos estar en guardia contra el desaliento, preparados para la desolación, para las contradicciones naturales a que debemos enfrentarnos; siendo el conjunto de estos elementos lo que va robusteciendo nuestra vida espiritual. 

"Cuando tu corazón caiga, levántalo suavemente, humillándote mucho en la presencia de Dios con el conocimiento de tu miseria, sin asombrarte de tu caída, pues no es de admirar que la enfermedad sea enferma, la flaqueza sea flaca y la miseria miserable. Pero detesta con todo tu corazón la ofensa que has hecho a Dios, y lleno de valor y confianza en su misericordia, vuelve a emprender el camino de la virtud que habías abandonado." San Francisco de Sales, introducción a la vida devota; José Tissot, el arte de aprovechar nuestras faltas, capítulo I, página 18.

Poco a poco se van purificando nuestras intenciones, perfeccionando nuestro amor a Dios nuestro Señor, al grado de inmolarnos abrazando todas las cruces que nos envié la Providencia, no buscando nuestros intereses particulares, sino hacer en todo la voluntad de Dios, aceptando con gusto las tribulaciones que nos acontezcan, al grado de conformarnos en todo con la voluntad de Dios. 

Roguemos a la augusta Madre de Dios, se digne fortalecernos en nuestras debilidades, levantarnos en nuestras caídas, iluminarnos en la oscuridad, y concedernos la perseverancia final. 


Dios te bendiga.   


 

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