03 Sep
03Sep

Queridos hermanos en nuestro Señor Jesucristo, la caridad para con nosotros mismos nos obliga a marcar límites sanos con las personas que convivimos, pues deben respetar nuestro espacio para entregarnos a la oración, a la meditación de las verdades eternas, a las prácticas de la vida católica; hay algunos de nuestros semejantes que no lo entienden o por naturaleza invaden los límites, pero debemos ocuparnos en primer lugar de nosotros, de tener el ambiente necesario para una vida espiritual, donde haya soledad y silencio, unido a la recta intención, al deseo de orar en la presencia de nuestro Dios. 

"No esté tu paz en la boca de los hombres; pues si pensaren de ti bien o mal, no serás por eso hombre diferente. ¿Dónde está la verdadera paz y la verdadera gloria sino en Mí? Y el que no desea contentar a los hombres, ni teme desagradarlos, gozará de mucha paz. Del desordenado amor y vano temor nace todo desasosiego del corazón y la distracción de los sentidos." Imitación de Cristo III, XXVIII, 2.  

A quien debemos agradar en todo es a nuestro Señor Jesucristo, el amor al prójimo está supeditado al amor de Dios, porque primero está el Autor de la vida, y después la criatura, y así, no podemos amar en el prójimo las ofensas y faltas a la ley de Dios, porque eso no es caridad, sino un amor desordenado que pone a la criatura por encima de Dios.  

"Amar significa buscar el bien de aquellos a quienes amamos. El hombre debe, entonces, buscar primero el bien de Dios y después el bien del hombre. El bien de Dios es que su nombre sea bendecido y glorificado en los hechos por el cumplimiento de su ley. 

El bien del hombre es que le sean reconocidos todos los derechos que buscan al logro de su bienestar eterno y temporal. Si es así, faltaría al mandamiento del Amor aquel padre que no reprimiera a su hijo que viola los derechos de Dios o los derechos de su Madre. No cumpliría con la caridad el padre que no castiga, si es necesario, al hijo que no respeta a su madre o que maltrata a sus hermanos. No cumple con la caridad el gobernante que no cuida los intereses de la patria o que no previene y castiga los atropellos de los malos ciudadanos. 

Caridad no es sentimentalismo que consiente todos los errores y atropellos de los demás. Caridad es procurar eficazmente el bien real (eterno y temporal) de los demás y odiar en todo momento el mal." Padre Julio Meinvielle, El judío en el misterio de la historia, página 132. 

Por caridad, queridos hermanos, debemos poner orden en nuestra vida, tener soledad y silencio en compañía de Jesús sacramentado de ser posible, tener un horario de vida espiritual, algunos libros y devocionarios que nos ayuden, un lugar a propósito para hacer oración cada día, educar a nuestro entorno para que respeten los momentos de nuestra oración y entrega en los oficios de Dios nuestro Señor.

Al principio es un poco difícil, pero poco a poco con la perseverancia nos vamos dando a respetar, nos van comprendiendo y algunos imitando, lo cual resulta muy útil para la oración en común, para la unión de voluntades en torno a Dios nuestro Señor. 

“Vivamos bien, y serán buenos los tiempos. Los tiempos somos nosotros; como somos nosotros, así son los tiempos.” San Agustín, sermón LXXX.

Roguemos a la augusta Madre de Dios, se digne concedernos la santa determinación para establecer una vida católica en nuestro corazón y en nuestra estadía en la tierra, perseveremos en estas santas resoluciones y a su tiempo cosecharemos los frutos de santidad. 


Dios te bendiga.



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