24 Jul
24Jul

Queridos hermanos en nuestro Señor Jesucristo, es difícil aceptar la voluntad de Dios cuando contraría la nuestra, cuando va contra lo que deseamos o queremos, porque tenemos que renunciar a lo que amamos, pero esto purifica el alma, la separa de los intereses transitorios y, sin embargo, es lo que repetimos en el Padre Nuestro: Hágase tu voluntad, así en la tierra como en el cielo. Fácil de pronunciar, dificultoso de practicar cuando contraría nuestra voluntad.

"¿Por qué te afliges de que no te suceda lo que quieres y deseas? ¿Quién es el que tiene todas las cosas a medida de su voluntad? Ni yo, ni tú, ni hombre alguno sobre la tierra." Imitación de Cristo I, XXII, 1. 

¿Cómo se conoce el amor a Dios nuestro Señor? Sencillamente haciendo su voluntad, practicando sus santos mandamientos, aceptando la permisión divina, que en ocasiones puede ser un daño transitorio, pero lleva un bien espiritual y eterno, así vemos en la persecución que padece la Iglesia Católica desde su fundación, en el martirio de los mártires, en las afrentas, pasión y muerte de nuestro Divino Redentor. 

"Jesús respondió, y le dijo: Si alguno me ama, guardará mi palabra, y mi Padre le amará, y vendremos a él, y haremos morada en él. El que no me ama, no guarda mis palabras. Y la palabra que habéis oído, no es mía: sino del Padre, que me envió." San Juan XIV, 23. 

No es que nuestro Dios se complazca en el mal, en afligirnos o en hacernos sufrir, es a lo que estamos expuestos en la naturaleza humana, y en su sabiduría infinita sabe sacar bienes aún de los mismos males. 

"El mal físico, v.g., el dolor, la enfermedad, la muerte, no lo pretende Dios per se, es decir, por afecto al mal o en cuanto fin... los permite como medios para conseguir un fin superior al orden físico o de orden moral. 

El mal moral, es decir, el pecado, que es esencialmente una negación de Dios, no lo puede querer Dios per se ni per accidens, esto es: ni como fin ni como medio... Dios no hace sino permitir el pecado, porque respeta la libertad humana y porque es lo suficientemente sabio y poderoso para saber sacar bien del mal". Ludwig Ott, Manual de teología dogmática, página 91. 

En algunas cosas tenemos que contrariar nuestra voluntad, porque no podemos tener todo a nuestro gusto y medida, pero tenemos la libertad, la inteligencia, y podemos desarrollar la sagacidad para aprovechar las contrariedades en bien de nuestra santificación, para que en las circunstancias que nos toquen vivir tengamos las condiciones necesarias para nuestro bien eterno y temporal, para que ayudados de la gracia defendamos nuestra libertad de hijos de Dios, salvaguardemos el buen olor de Cristo, nos demos a respetar trabajando por el reinado de nuestro Señor Jesucristo en nuestro corazón, como en templos a Él consagrados. 

Utilicemos la libertad que Dios nos ha concedido en favor de nuestro bien eterno y temporal, seamos propositivos, inteligentes, audaces, firmes, en lo que concierne al motivo de nuestra existencia, sobrepongámonos con rapidez a los reveses de la vida, con la fe y confianza en alcanzar nuestra salvación eterna. 

Roguemos a la augusta Madre de Dios, nos conceda las gracias necesarias para vivir sobria, santa, y piadosamente.  


Dios te bendiga.


  

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