22 Jul
22Jul

Queridos hermanos en nuestro Señor Jesucristo, las cosas a nuestro alcance que hay en el mundo, deben servirnos para el fin que hemos sido creados, pero si ignoramos el motivo de nuestra estadía en la tierra, perdemos el sentido de vivir, quedamos presa de los sentidos y de las necesidades inmediatas. ¿Para qué hemos sido creados? "El hombre es criado para alabar, hacer reverencia y servir a Dios nuestro Señor y, mediante esto, salvar su alma." San Ignacio de Loyola, ejercicios espirituales. 

Luego entonces, debemos ser gobernados por la razón ilustrada por la fe, quien ignora el principio y fundamento, se encuentra a merced de extraviarse ante el mejor postor, o de vivir únicamente para los sentidos como si no existiera el cielo y el infierno. 

Nuestra patria es el paraíso, hemos sido creados para ser santos, para ser conciudadanos de los bienaventurados en la casa de Dios, pero es necesario vivir la presente prueba en la tierra para merecer con el uso de nuestra libertad la corona inmarcesible de que nos habla san Pablo apóstol. 

Entendiendo el principio y fundamento que nos predica san Ignacio de Loyola, tiene sentido la salud y la enfermedad, la riqueza y la pobreza, la vida larga y la corta, porque tenemos definido el rumbo de nuestra vida. 

  • "Luego mi fin no son precisamente las riquezas, los honores, las delicias; representar un papel brillante en el mundo, lucir, gozar, sino principalmente y ante todo servir a Dios; y servirle, no a mi antojo y capricho, sino como Él quiere que le sirva." San Ignacio de Loyola, ejercicios espirituales. 

  • "Sano o enfermo, rico o pobre, sabio o ignorante, honrado o despreciado, con éste o con aquél genio, con mucho o pocos dotes, aptitudes y talentos, puedo alabar, hacer reverencia y servir a Dios." San Ignacio de Loyola, ejercicios espirituales. 

  • "Las cosas de éste mundo fueron dadas al hombre para que le ayuden a conseguir su fin, que de ellas tanto debemos usar cuanto sirven al fin, y tanto dejar o quitar cuanto nos impiden." San Ignacio de Loyola, ejercicios espirituales.

Cuando desconocemos el motivo de nuestra existencia, las tentaciones, tribulaciones, y adversidades son verdaderas desgracias, se apaga la vida espiritual, se desvanecen los fundamentos y principios vitales de nuestra vida, pierde sentido la relación benéfica con Dios nuestro Señor, la utilidad de los Sacramentos, y la vida católica. 

¿Cómo hacer entender a un hombre que no tiene fe?, ¿cómo revivir un alma que ha perdido la razón de su existencia?... Es difícil, más no imposible para el poder de Dios nuestro Señor, pero se requiere un verdadero milagro para resucitar un alma. 

Debemos pedir al Espíritu Santo el don de la fe, recurrir con frecuencia a la oración, fortalecernos en la frecuencia de los Sacramentos, instruirnos con la doctrina católica, alimentarnos con la meditación de las verdades eternas, ordenar nuestra vida, estudiar nuestra anatomía espiritual, conocer nuestros dones y talentos, consagrarnos a la santísima Virgen María, acudir a la intercesión de los Santos, para poder llevar el buen olor de Cristo en nuestra vida. 

Acudamos a la augusta Madre de Dios, imploremos su patrocinio en favor de nuestras necesidades espirituales y materiales, roguemos nos alcance las gracias necesarias para vivir en la amistad con su divino Hijo, para perseverar hasta el último instante de nuestra vida. 


Dios te bendiga.



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