07 Jul
07Jul

Queridos hermanos en nuestro Señor Jesucristo, muchos de los descalabros, errores, y caídas en la vida espiritual se deben a la disipación, a la falta de atención de nuestros propios actos, a un estado permanente de mediocridad en que llegamos a permanecer, sea por exceso de trabajo, por falta de reposo, por el afán desmedido de quedar bien con todos, o por otra cualquier circunstancia; lo cierto es que debemos empoderarnos de nuestra propia vida, tomar el control de nuestras emociones, sentimientos, y acciones consecuentes, lo cual nos proporciona mayor dominio de nuestra persona. 

Esto requiere orden de vida, disciplina, los descansos adecuados, la instrucción necesaria, y por supuesto, la asistencia del Espíritu Santo. La caridad bien entendida comienza por uno mismo, por atender primeramente nuestras necesidades espirituales y corporales, ¿cómo servir a los demás, sino no me puedo sostener?, ¿cómo llevar el buen olor de Cristo, si no lo poseo?, nadie da lo que no tiene, todo se torna muy humano, apartado de la gracia de Dios, y nuestros múltiples esfuerzos pierden consistencia. 

Nuestro Divino Redentor nos dio cátedra, de como se preparó treinta años para su vida pública de treinta y seis meses, como se retiraba a la soledad para hacer oración, y así poder servir eficazmente a los demás; ejemplos que siguieron los Bienaventurados. 

Primeramente, debemos sosegar nuestra carne, ordenar nuestra vida, poner a raya nuestras pasiones y concupiscencias, emplearnos con eficacia en nuestras obligaciones de estado, de tal manera, que por nuestra vida y obras llevemos el buen olor de Cristo. 

"Digo pues: Andad en espíritu, y no cumpliréis los deseos de la carne. Porque la carne codicia contra el espíritu, y el espíritu contra la carne, para que no hagáis todas las cosas que quisiereis." Gálatas V, 16. 

¿Cómo llevar el buen olor de Cristo, si nuestra vida está desgarrada por el pecado mortal de manera habitual?, ¿cómo amar a mi prójimo si yo mismo me maltrato con el pecado permanente en mi vida?...

"Hijitos míos, no amemos de palabra, ni de lengua, sino de obra, y de verdad... Y el que guarda sus mandamientos, está en Dios, y Dios en él, y en esto sabemos que él permanece en nosotros por el Espíritu que nos ha dado." 1ª San Juan III, 18-24.

No debemos desalentarnos por lo mucho que nos falta corregir, antes al contrario, debemos tomar ánimo y confianza en Dios nuestro Señor, para iniciar la reforma de costumbres, para ordenar nuestra vida, para cuidar de nuestra salud espiritual, y por añadidura iremos reparando nuestras malas acciones, dando buen ejemplo, amando a nuestro prójimo de una manera natural, sin fingimientos ni apariencias. 

Roguemos a la augusta Madre de Dios, se digne bendecirnos, alcanzarnos las gracias necesarias para vivir unidos a nuestro Señor Jesucristo, para perseverar en el cuidado de nuestra salud espiritual, para alcanzar la eterna bienaventuranza. 

“Vivamos bien, y serán buenos los tiempos. Los tiempos somos nosotros; como somos nosotros, así son los tiempos.” San Agustín, sermón LXXX.


Dios te bendiga.



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