23 Jun
23Jun

Queridos hermanos en nuestro Señor Jesucristo, de muchos es iniciar el camino en la vida espiritual, pero de pocos perseverar y fortalecerse, debemos continuar el camino de nuestra santificación, aunque no se vean resultados inmediatos; a pesar de los reveses en la vida, de las decepciones de la condición humana, de los estados anímicos desfavorables, debemos mantenernos durante el tiempo que nos conceda la Divina Providencia: Haec est enim voluntas Dei, santificatio vestra. "Pues esta es la voluntad de Dios, vuestra santificación". Tesalonicenses IV, 3. 

No se trata de multiplicar las obras de piedad, sino de hacerlas lo mejor posible, sin desatender nuestras obligaciones de estado, buscando en todo la mayor honra y gloria de Dios nuestro Señor, evitando compararnos o competir con nuestro prójimo, ya que cada uno tiene dones y talentos distintos, por el contrario, tratar de edificarnos con sus buenas acciones. 

"Sed pues imitadores de Dios, como hijos muy amados. Y andad en caridad, así como Cristo también nos amó, y se entregó asimismo por nosotros ofrenda y hostia a Dios en olor de suavidad." Efesios V, 1.

Tenemos que sobreponernos a los escándalos y errores de los hombres de Iglesia, de las personas que buscan la perfección espiritual; así como a los estados personales de ánimo, y desalientos propios de la naturaleza humana. Debemos perseverar en la vida espiritual, con gozo espiritual o sin él, en la salud o en la enfermedad, en la riqueza o en la pobreza, en la buena fama o en el desprecio, con muchos o con pocos dones y talentos.

Esto requiere la meditación frecuente de las verdades eternas, para lograr el convencimiento intelectual que proporcione dirección a nuestra vida, la lectura espiritual, la ayuda de un director espiritual, la frecuencia de los Sacramentos, la verdadera devoción a la santísima Virgen María, el examen de conciencia, orden y plan de vida, lo cual, poco a poco se irá perfeccionando conforme a nuestras condiciones particulares. 

No retrocedamos o hagamos descansos en la vida espiritual ante las tentaciones y caídas, por el contrario, levantémonos con presteza, aunque tengamos que comenzar desde el principio, trasformemos esas heridas en humildad, confianza en Dios, y comprensión de nuestros hermanos. 

"Porque siete veces caerá el justo, y se levantará: mas los impíos se precipitarán en el mal." Proverbios XXIV, 16. 

Acudamos a la augusta Madre de Dios, imploremos su patrocinio, consagrémonos ante su altar, pongamos en sus maternales manos nuestros esfuerzos, y pidamos nos alcance las gracias necesarias para perseverar en la vida espiritual. 

"Reveló la misma Virgen María a santa Brígida, que no había en el mundo pecador tan enemigo de Dios, el cual si acudía a Ella e invocaba su auxilio, no volviese a recobrar de Dios la gracia." San Alfonso María de Ligorio, 'Las glorias de María', capítulo III, § 2º, página 114. 


Dios te bendiga.


 

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