20 Dec
20Dec

Queridos hermanos en nuestro Señor Jesucristo, todos tenemos una cruz que llevar durante nuestro peregrinar en la presente vida, pues nuestra patria es el paraíso, hemos nacido para vivir eternamente en el cielo, pero debemos amar y servir a Dios nuestro Señor en nuestra estadía en la tierra, para merecer con el auxilio de la gracia la gloria eterna, lo cual es el principio y fundamento del que nos habla san Ignacio de Loyola en sus ejercicios espirituales, a saber: "El hombre es criado para alabar, hacer reverencia y servir a Dios nuestro Señor y, mediante esto, salvar su alma." 

Este es el sentido de la vida, es la razón de nuestra existencia, unida a la misión que cada uno debe desarrollar auxiliado de los dones y talentos que hemos recibido, en las circunstancias que la Providencia nos coloca a cada uno, independientemente del estado de vida que guardemos, de las debilidades y miserias que tengamos, e incluso los mismos errores que hallamos cometido por permisión divina, debemos trasformarlos en experiencias para alcanzar el reino. 

"Luego mi fin no son precisamente las riquezas, los honores, las delicias; representar un papel brillante en el mundo, lucir, gozar, sino principalmente y ante todo servir a Dios; y servirle, no a mi antojo y capricho, sino como Él quiere que le sirva." San Ignacio de Loyola, ejercicios espirituales. 

Es claro que hemos recibido la vida de manos de Dios, quien nos sostiene cada instante de nuestra vida, y al cual hemos de volver después de la muerte; qué fin tan noble tenemos, aunque nuestro oficio sea humilde e insignificante entre los hombres, podemos y debemos alcanzar la bienaventuranza eterna, ¡hemos nacido para ser santos, para vivir eternamente en el cielo! 

Claro está que existe el infierno, al cual van las almas que mueren en estado de pecado mortal, pero no hemos sido creados para el tormento eterno, sino para Dios, pero es necesario utilizar nuestra libertad para corresponder a la gracia de Dios, para cumplir con la razón de nuestra existencia, en lo cual debemos concentrarnos para no perdernos con los muchos distractores que tiene la vida presente. 

"Sano o enfermo, rico o pobre, sabio o ignorante, honrado o despreciado, con este o con aquel genio, con muchos o pocos dotes, aptitudes y talentos, puedo alabar, hacer reverencia y servir a Dios." San Ignacio de Loyola, ejercicios espirituales.

Por esto es fundamental la meditación asidua de las verdades eternas, la reflexión sobre el principio y fundamento, la frecuencia de los sacramentos, el retiro espiritual, la lectura espiritual, la devoción a la bendita Madre de Dios, la oración que eleva nuestra alma hasta nuestro Divino Redentor. 

Roguemos a la augusta Madre de Dios, se digne bendecirnos, mantenernos en la amistad con Dios nuestro Señor, y nos conceda la perseverancia final. 


Dios te bendiga.



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