02 Dec
02Dec

Queridos hermanos en nuestro Señor Jesucristo,  cada uno de nosotros tenemos dones y talentos que hemos recibido, obligaciones de estado en que emplearnos cada día, un oficio que atender, pues la ociosidad es fuente de corrupción; siendo el principio y fundamento de nuestra vida, amar y servir a Dios nuestro Señor, y mediante esto salvar nuestra alma, pues hemos nacido para la eternidad, hay un cielo que nos aguarda después de la muerte, debemos emplearnos eficazmente en alcanzar la gloria eterna. 

Por supuesto que cada uno tiene una cruz que llevar en pos de nuestro Señor, tentaciones e insidias con las cuales hemos de combatir, además de las inclinaciones naturales de la concupiscencia de la carne, pero todas esas dificultades las debemos transformar en bienes para nuestra santificación, pues todo es para bien de los que aman a Dios. 

Lo que es importante, es tomar conciencia de nuestra realidad, asumir el compromiso de nuestra eterna salvación, trabajar eficazmente por alcanzar el reino de los cielos, desde el lugar que nos toque habitar, con las circunstancias que tengamos que afrontar, todo en miras al fin de nuestra estadía sobre la faz de la tierra. 

"Sano o enfermo, rico o pobre, sabio o ignorante, honrado o despreciado, con este o con aquel genio, con muchos o pocos dotes, aptitudes y talentos, puedo alabar, hacer reverencia y servir a Dios." San Ignacio de Loyola, ejercicios espirituales.

Nosotros somos los tiempos queridos hermanos, como bien nos enseña san Agustín, no esperemos a que cambie nuestro entorno, nosotros debemos aprender a vivir católicamente en el entorno que nos toque habitar, procuremos crear las condiciones de vida favorable al Evangelio, formar nuestra red de apoyo, amistades sanas, y los medios que podamos establecer para bien de nuestra salud espiritual.

“Vivamos bien, y serán buenos los tiempos. Los tiempos somos nosotros; como somos nosotros, así son los tiempos.” San Agustín, sermón LXXX.

Procuremos dedicar un tiempo cada día para la oración, para la meditación de las verdades eternas, frecuentar los sacramentos, rezar el santo rosario, tener devoción a la santísima Virgen María, asistir a la santa misa con devoción, invocar al Espíritu Santo, instruirnos en nuestra fe; en síntesis, llevar una vida católica.  

Roguemos a la augusta Madre de Dios, se digne despertarnos de la somnolencia espiritual, atender con presteza a nuestra salud espiritual, y hacer lo que está de nuestra parte por atender al fin y motivo de nuestra existencia. 


Dios te bendiga.



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