20 Apr
20Apr

Queridos hermanos en nuestro Señor Jesucristo, cuanta necesidad tenemos de Dios para vivir en paz, para disfrutar honestamente de la vida, para realizarnos; para lo cual es necesario configurarnos con Cristo, decir con el apóstol san Pablo: "Y vivo, ya no yo, más vive Cristo en mí. Y lo que vivo ahora en carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, que me amó, y se entregó a sí mismo por mí." Gálatas II, 20. 

Entregarnos de verdad, vivir el Evangelio, renunciar libremente a lo que nos aparta de Dios; poner todos nuestros dones, talentos, y habilidades, en ser profesionales con la ayuda del Criador, de tal manera, que acrecentemos nuestra capacidad con la gracia de nuestro Divino Redentor, fructificar al ciento por uno material y espiritualmente. 

Este proceso requiere inteligencia aplicada, determinación dirigida, voluntad orientada, en síntesis, sumar nuestra capacidad humana al ciento por uno, con la gracia de Dios que debe habitar en nosotros, dando como resultado, una obra humana enriquecida por la presencia del Autor de nuestras vidas en las obras ordinarias.     

"Si el Señor no edificare la casa, en vano trabajaron los que la edifican. Si el Señor no guardare la ciudad, inútilmente vela el que la guarda. En vano es levantaros antes de amanecer". Salmo CXXVI, 1.

Roguemos a la santísima Virgen María, nos conceda la gracia de unir nuestro esfuerzo total a la gracia de Dios, de tal manera, que vivamos cómo hijos de Dios por la adopción del santo bautismo, dando fruto según nuestros talentos al ciento por uno.

"Aún cuando os hallaseis en el borde del abismo o tuvieseis ya un pie en el infierno; aunque hubieseis vendido vuestra alma al diablo; aun cuando fueseis un hereje endurecido y obstinado como un demonio, tarde o temprano os convertiréis y os salvaréis, con tal que (lo repito, y notad las palabras y los términos de mi consejo) recéis devotamente todos los días el Santo Rosario hasta la muerte, para conocer la verdad y obtener la contrición y el perdón de vuestros pecados." San Luis María G. de Montfort, 'El secreto del Rosario'. 


Dios te bendiga.



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