16 Nov
16Nov

Queridos hermanos en nuestro Señor Jesucristo, ¿cuánto tiempo le dedicamos a nuestra salud espiritual durante cada día?, ¿qué hacemos por nuestra salvación eterna en el tiempo que tenemos?, y de ese tiempo que empleamos para nuestra santificación, ¿con qué calidad lo ofrecemos?... Lejos de buscar reprendernos, se trata de analizar nuestra vida, para mejorarla, porque no hay mejor tiempo empleado, que el consagrado a nuestro bien espiritual. 

"¿Qué haría un condenado si tuviese el tiempo que yo tengo? Y yo, ¿qué hago?." 

La empresa más importante que tenemos, es la salvación eterna de nuestra alma, de ella depende nuestro destino eterno después de la presente vida, la eternidad es la que nos impele a buscar nuestra salud espiritual, no debemos descuidarnos, mucho menos postergar nuestra conversión o dedicación atenta de la conquista del Reino. 

"En un instante se peca, en un instante se muere y en un instante se cae en el infierno." 

Procuremos, queridos hermanos, vivir en gracia de Dios, apartarnos de las ocasiones próximas de pecado, frecuentar los sacramentos, asistir con devoción al santo sacrificio del altar, confesarnos con dolor de nuestros pecados y propósito de enmienda, dediquemos cada día un tiempo para la oración, seamos asiduos a la lectura espiritual; en síntesis, llevemos el buen olor de Cristo.

"¿No sabéis que sois templo de Dios y que el Espíritu de Dios habita en vosotros?" Corintios III, 16. 

Si has cometido muchos errores, si has errado en tus decisiones, si te encuentras en pecado mortal de manera habitual, puedes recuperarte, tienes tiempo para enmendar tu vida, recuerda que Dios es infinitamente misericordioso con el pecador arrepentido, pues no desprecia un corazón contrito y humillado; pero es necesario, el firme propósito de enmienda, hacer lo que está de nuestra parte para apartarnos del pecado y recuperar la gracia, trabajar con paciencia en mantenernos, fortalecernos y sostenernos de la mano con nuestro Dios. 

"Aparta tu rostro de mis pecados y borra todas mis iniquidades. Crea en mí, o Dios, un corazón puro, y renueva en mis entrañas un espíritu recto. No me deseches de tu rostro, y no quites de mí tu Espíritu Santo. Vuélveme la alegría de tu salud... Sacrificio para Dios es el espíritu atribulado: al corazón contrito y humillado no lo despreciarás, o Dios." Salmo L, 11. 

Amados hermanos, aprovechemos el tiempo que Dios nos sigue concediendo, para enmendar nuestra vida, para perfeccionarnos, para dar fruto de los dones y talentos que hemos recibido de la Divina Providencia, tratando en todo de buscar la mayor honra y gloria de Dios nuestro Señor, el bien de las almas, y nuestra eterna salvación. 

Roguemos a la santísima Virgen María, Madre del Verbo encarnado, que nos alcance las gracias para apartarnos de las ocasiones próximas de pecado, nos fortalezca en el espíritu de Dios, y nos conceda la perseverancia final. 


Dios te bendiga.


 

Comentarios
* No se publicará la dirección de correo electrónico en el sitio web.