26 Oct
26Oct

Queridos hermanos en nuestro Señor Jesucristo, tenemos un alma que salvar, un cielo que conquistar, un infierno que evitar; nuestra vida ha sido dada para vivir eternamente en el paraíso, pero tenemos libre albedrío para hacer lo que gustemos, podemos guardar los mandamientos de la ley de Dios como nos lo pide, o vivir al margen de ellos, somos libres, y esto conlleva una gran responsabilidad, porque en esa libertad va el cielo o la reprobación eterna.

¿En qué empleamos nuestro tiempo?... ¿Qué estamos haciendo con nuestra vida?... ¿Con la conducta que llevamos caminamos al cielo o a la reprobación eterna?... 

No tenemos que competir con nuestro prójimo, ni demostrar a nuestros semejantes que somos buenos, ni preocuparnos por lo mal que se pueda decir de nosotros, lo que debemos hacer es salvar nuestra alma, guardar los mandamientos, vivir en estado de gracia, agradar a Dios nuestro Señor que ve lo más profundo de nuestro corazón.

"No esté tu paz en la boca de los hombres; pues si pensaren de ti bien o mal, no serás por eso hombre diferente." Imitación de Cristo, III, XXVIII, 2.

Cuantas almas abandonan el camino espiritual, porque las cosas no le salen a su gusto, por las contrariedades que encuentran en el camino, por la falta de gozo sensible, por las dificultades propias de la naturaleza humana; y es que, algunos hermanos consideran que por entregarse al servicio de Dios, todo les ha de resultar favorable, y no siempre es así, por eso los padres espirituales nos recomiendan: "Buscar al Dios de los consuelos, no los consuelos de Dios." 

La vida espiritual no es para buscarnos a nosotros mismos, para no sufrir, para gozar de paz sensible, para beneficiarnos en todo lo que podamos, y se puede caer en el error de estarse mirando siempre, y pretender medir por su estado sensible su avance o retroceso en la espiritualidad. 

Lo fundamental es hacer la voluntad de Dios en nuestra vida, cargar nuestra cruz en pos de Cristo, dar fruto de nuestros dones y talentos para mayor honra y gloria de Dios nuestro Señor. 

  • "Sano o enfermo, rico o pobre, sabio o ignorante, honrado o despreciado, con este o con aquel genio, con muchos o pocos dotes, aptitudes y talentos, puedo alabar, hacer reverencia y servir a Dios." San Ignacio de Loyola, ejercicios espirituales. 

  • "Luego no soy creado para alabarme, honrarme, servirme y regalarme, sino para alabar, hacer reverencia y servir a Dios." San Ignacio de Loyola, ejercicios espirituales. 

  • "Luego mi fin no son precisamente las riquezas, los honores, las delicias; representar un papel brillante en el mundo, lucir, gozar, sino principalmente y ante todo servir a Dios; y servirle, no a mi antojo y capricho, sino como Él quiere que le sirva." San Ignacio de Loyola, ejercicios espirituales. 

Se sienta bonito, o se experimente tristeza, soledad y abandono, nuestro fin sobre la tierra es claro, debemos salvar nuestra alma; y es aquí donde se da el crecimiento de un alma, que para amar y servir a Dios nuestro Señor no dependa de los estados de ánimo, sino que cargue su cruz en pos de Cristo en las condiciones que le toquen vivir; así como tampoco debemos buscar las aflicciones por ellas mismas, o las tribulaciones, o hacer consistir la perfección en el mayor número de dificultades, ¡no!, la perfección se encuentra en hacer la voluntad de Dios, por los caminos que la Providencia nos quiera conducir, buscando en todo amar y servir a Dios nuestro Señor, en el goce sensible o en la aridez espiritual. 

Roguemos a la augusta Madre de Dios, se digne concedernos la santa conformidad con la voluntad de Dios, las gracias para cargar con nuestra cruz, y la perseverancia final. 


Dios te bendiga.



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