23 Feb
23Feb

Queridos hermanos en nuestro Señor Jesucristo, la vida presente es un medio para alcanzar el reino de los cielos, es la oportunidad para vivir eternamente en compañía de los bienaventurados, para morar eternamente en la casa de Dios, en tanto cuanto debemos vivir conforme al santo Evangelio, guardar los sagrados mandamientos, frecuentar los sacramentos, llevar una vida católica, procurando en todo amar y servir a Dios nuestro Señor. 

El gran impedimento, óbice, u obstáculo es el pecado mortal en nuestra vida, es la ruina de nuestra eterna salvación, es la presencia de Satanás en nuestra alma, por lo cual debemos ser cuidadosos de nuestro bien eterno y temporal, buscando en todo la mayor honra y gloria de Dios nuestro Señor. 

"El pecado mortal es el mal, y, a decir verdad, el único mal, que existe, ya que todos los otros no son sino consecuencia o castigo de él." Tanquerey, manual de teología ascética y mística, no. 714, II. 

Debemos cuidar de vivir en gracia de Dios y los tiempos serán buenos en miras a nuestra eterna salvación, aunque por nuestra condición humana siempre habrá cosas en las cuales debemos abnegarnos o sobrellevar con la santa virtud de la paciencia, teniendo como fin o motivo de nuestra abnegación cristiana la patria eterna, la conquista del reino de los cielos.

"En todo pecado, el hombre se deja influenciar por el seductor original. Todo pecador, al pecar, se pone del lado de los enemigos de Dios, siendo el diablo el primero de ellos. El pecador se somete al diablo cuando deja de obedecer a Dios. El hombre no puede salir de la siguiente alternativa: o se somete a Dios o queda sometido al diablo". Michael Schmaus, Teología Dogmática, tomo II, § 124, página 274. 

¿Qué nos proporciona el pecado para procurarlo? Un placer momentáneo, un gusto fugaz, y después vienen las consecuencias catastróficas, siendo la mayor de ellas que nos aparta de la gracia y amistad con Dios nuestro Señor, exponiéndonos a la condenación eterna por un hecho momentáneo y fugaz. 

Qué mayor tranquilidad que una conciencia tranquila, sano o enfermo, rico o pobre, pero con la fe puesta en Dios nuestro Señor, gozando de la libertad de los hijos de Dios, llevando el buen olor de Cristo en nuestras obras, en nuestras penalidades, en el recorrido por la vida con la cruz acuestas. 

“Vivamos bien, y serán buenos los tiempos. Los tiempos somos nosotros; como somos nosotros, así son los tiempos.” San Agustín, sermón LXXX.

Roguemos a la augusta Madre de Dios, se digne infundir en nuestros corazones y en nuestros pensamientos el deseo y la voluntad por guardar la gracia de Dios en nuestros corazones, por vivir preparados para morar eternamente en el cielo. 


Dios te bendiga.



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