28 Jan
28Jan

Queridos hermanos en nuestro Señor Jesucristo, la muerte es tan cierta y muchas veces tan olvidada, pensando que falta mucho tiempo para que nos ocurra a nosotros, cuando en realidad, nada hay más cierto que la muerte, y nada más incierto que el día y la hora.

"Guardaos de toda avaricia: porque la vida de cada uno no está en la abundancia de las cosas, que posee. Y les contó una parábola diciendo: El campo de un hombre rico había llevado abundantes frutos: y él pensaba entre sí mismo, y decía: ¿Qué haré, porque no tengo donde encerrar mis frutos? Y dijo: Esto haré: derribaré mis graneros, y los haré mayores: y allí recogeré todos mis frutos, y bienes, y diré a mi alma: Alma, muchos bienes tienes allegados para muchos años: descansa, come, bebe, ten banquetes. Más Dios le dijo: Necio, esta noche te vuelven a pedir el alma, lo que has allegado, ¿para quién será?" San Lucas XII, 15. 

Sea nuestra muerte de enfermedad, de un accidente, natural o de cualquier género, cierto que ha de llegar, más el día y la hora nadie lo sabe. 

Por lo regular se planea una larga vida, con tiempo para recibir los sagrados sacramentos, encomendar nuestra alma al Creador y morir cristianamente, pero eso, no depende de nosotros amados hermanos. 

Una manera efectiva de prepararse a la eternidad, es vivir cada día en gracia de Dios, rezar cada día el santo Rosario, porque tiene promesa de salvación eterna: "Los verdaderos devotos de mi Rosario no morirán sin los auxilios de la Iglesia." Séptima promesa, de la Santísima Virgen María al beato Alano de la Roche. 

No desaproveches estos saludables consejos, prepárate a morir cada día viviendo con la gracia de Dios y la verdadera devoción a la Santísima Virgen María. 


Dios te bendiga.



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