10 May
10May

Queridos hermanos en nuestro Señor Jesucristo, la vida que tenemos debemos utilizarla para nuestra salvación eterna, debemos tomar conciencia del fin de nuestra estadía sobre la tierra, de lo que existe más allá de la muerte, de la razón de todo lo que nos acontece día a día, que va encaminado a merecer la vida eterna. 

Somos hechos por Dios, de tal manera que puede habitar dentro de nosotros el Autor de nuestra vida, que la gracia unida a nuestros actos libres pueden hacer que alcancemos la eterna bienaventuranza, y es aquí, donde debemos poner nuestra capacidad, aprovechar nuestros dones y talentos, servirnos de todas las cosas del mundo a nuestro alcance para nuestra salvación. 

"¿No sabéis que sois templo de Dios y que el Espíritu de Dios habita en vosotros?" Corintios III, 16.

Por medio de la meditación frecuente de las verdades eternas, del ofrecimiento de obras cotidianas, del estudio de la doctrina católica, podemos ayudarnos para vivir realmente como católicos, ilustrar nuestro entendimiento, fortalecer nuestra voluntad con pequeñas obras cada día, y alimentarnos con los sacramentos y con la oración diaria. 

"Sano o enfermo, rico o pobre, sabio o ignorante, honrado o despreciado, con este o con aquel genio, con muchos o pocos dotes, aptitudes y talentos, puedo alabar, hacer reverencia y servir a Dios." San Ignacio de Loyola, ejercicios espirituales. 

Hagamos a un lado las justificaciones, las experiencias pasadas o los desencantos que podamos haber padecido, lo fundamental es aprender a vivir en el aquí y ahora, con lo que tenemos, con los fracasos que podamos haber padecido; es decir, no culpar al universo mundo de nuestra inactividad en miras a nuestra salvación eterna. 

Muchas almas, han quedado frustradas o desanimadas por desencantos humanos en la vida espiritual, por ilusiones que nunca alcanzaron, por escándalos que pudieron presenciar, pero todo esto, no es óbice para apartarnos del fin de nuestra existencia, del fin nobilísimo por el que Dios nuestro Señor nos ha creado, teniendo la habilidad, para transformar las malas experiencias en precauciones y conocer los límites, las debilidades humanas, la fragilidad de nuestra naturaleza.  

"Cuando tu corazón caiga, levántalo suavemente, humillándote mucho en la presencia de Dios con el conocimiento de tu miseria, sin asombrarte de tu caída, pues no es de admirar que la enfermedad sea enferma, la flaqueza sea flaca y la miseria miserable. Pero detesta con todo tu corazón la ofensa que has hecho a Dios, y lleno de valor y confianza en su misericordia, vuelve a emprender el camino de la virtud que habías abandonado." San Francisco de Sales, introducción a la vida devota; José Tissot, el arte de aprovechar nuestras faltas, capítulo I, página 18.

Recuerda que hoy es nuestro momento, porque sencillamente tenemos vida, tenemos tiempo, ya depende de nuestra libre voluntad, para abocarnos en bien de nuestra salud espiritual, para despertar del letargo o de la somnolencia en que podamos haber caído, salir pronto de la pereza espiritual, de la tibieza en que podamos estar estancados por los motivos que sean, lo importante, es activarnos, empezar ahora mismo, fijar metas alcanzables, hacer obras realistas, trazar nuestro plan de vida, ayudado de la gracia de Dios.

Roguemos a la augusta Madre de Dios, nos ayude a vivir realmente nuestra fe católica, nos fortalezca en nuestra inconstancia, despierte en nosotros el fuego de su amor, y nos conduzca a la patria eterna, el paraíso. 


Dios te bendiga.



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