05 Mar
05Mar

Queridos hermanos en nuestro Señor Jesucristo, el pecado nos aparta completamente de nuestra vida espiritual, nos resta el gusto y lucidez por las cosas de Dios, perdemos fuerza para resistir a los enemigos del alma, en suma, el pecado tiene consecuencias catastróficas para nuestra salud espiritual. 

"El pecado es siempre una derrota, un fracaso y una debilidad." Doc. D. José Torras y Bages, Obispo de Vich, 'De la ciudad de Dios y del evangelio de la paz', 1913, tomo III, página 178. 

Las dificultades de un niño inician regularmente cuando pierde su inocencia, en la juventud los principales problemas están relacionados con los pecados, la vida adulta se ve seriamente afectada por la reincidencia en la transgresión de la ley de Dios en materia grave; en síntesis: "El pecado es siempre una derrota, un fracaso y una debilidad." 

De aquí podemos inferir, que la ley de Dios nuestro Señor, es para nuestro bien, es una protección, nos evita muchos problemas, nos asegura la verdadera libertad de los hijos de Dios, nos concede la felicidad conforme a la naturaleza humana en la vida presente. 

El pecado es la presencia de Satanás en nuestra vida, en la familia, en la sociedad, en las naciones, porque deja de someterse a Dios nuestro Señor para sujetarse al demonio: 

"En todo pecado, el hombre se deja influenciar por el seductor original. Todo pecador, al pecar, se pone del lado de los enemigos de Dios, siendo el diablo el primero de ellos. El pecador se somete al diablo cuando deja de obedecer a Dios. El hombre no puede salir de la siguiente alternativa: o se somete a Dios o queda sometido al diablo". Michael Schmaus, 'Teología Dogmática', tomo II, § 124, página 274. 

Cada uno de nosotros tiene fortalezas, debilidades e inclinaciones a ciertos pecados, debemos pues, conocernos para resguardarnos, poner remedios saludables, y sobre todo, para implorar el auxilio divino: "Si el Señor no diere firmamento y felicidad a una casa o a una familia, en vano trabajarán los que se afanen y desvelen por establecerla y aumentarle." Salmo CXXVI, 1. 

Empleemos el tiempo que la Providencia nos concede para edificar un templo a Dios en nuestra alma, domar nuestras pasiones, extinguir el fuego de la concupiscencia, avivar la gracia santificante, merecer con el auxilio divino la eterna bienaventuranza. 

Roguemos a la Santísima Virgen María, despierte en nosotros el gusto y el deseo por la vida sobrenatural, fortalezca nuestra voluntad, y nos alcance la perseverancia final. 

"Bienaventurados todos aquellos, que temen al Señor; y que no tuercen del camino derecho de sus divinos mandamientos. Si así lo haces, ¡dichoso tú! Todo te irá bien, y comerás con alegría los frutos de tus fatigas y sudores." Salmo CXXVII, 1. 


Dios te bendiga.



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