27 Mar
27Mar

Queridos hermanos en nuestro Señor Jesucristo, el Evangelio de la multiplicación de los panes y peces, nos pone de manifiesto la misericordia, la bondad, el cuidado providencial que tiene Dios sobre nosotros, sus hijos. 

"Uno de sus discípulos, Andrés hermano de Simón Pedro le dijo: Aquí hay un muchacho, que tiene cinco panes de cebada, y dos peces, mas ¿qué es esto para tanta gente? Y dijo Jesús: Haced sentar la gente. En aquel lugar había mucho heno. Y se sentaron a comer, como en número de cinco mil hombres. Tomó pues Jesús los panes, y habiendo dado gracias, los repartió entre los que estaban sentados, y asimismo de los peces, cuanto querían." San Juan VI, 8.  

Dios nuestro Señor tiene un cuidado especial sobre cada uno de nosotros, al cual se le llama Divina Providencia, la cual provee de nuestras necesidades materiales y espirituales, pero requiere nuestro esfuerzo para multiplicarlo en bien nuestro; cuál padre bondadoso, que busca hijos diligentes, pide nuestra parte para acrecentarla para la mayor honra y gloria de Dios nuestro Señor, de sus criaturas, de la creación.

Aun cuando nuestra parte sea insuficiente, es necesaria para poner de manifiesta la voluntad personal en orden al fin buscado: "Y habiendo alzado Jesús los ojos, y viendo que venía a él una tan gran multitud, dijo a Felipe: ¿De dónde compraremos pan, para que coman estos? Esto lo decía por probarle, porque él sabía lo que había de hacer. Felipe le respondió: Doscientos dentarios de pan no les bastan, para que cada uno tome un poco." San Juan VI, 5.  

Dios pide nuestro casi nada, Él pone su casi todo, para que sé dé fruto al ciento por uno; nuestra parte es buscar el reino de los cielos, procurando guardar la ley de nuestro Señor, y cumpliendo nuestras obligaciones de estado de la mejor manera, por eso el Evangelio dice: "Buscad pues primeramente el reino de Dios, y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas. Y así no andéis cuidadosos por el día de mañana. Porque el día de mañana a sí mismo se traerá su cuidado. Le basta al día su propio afán." San Mateo VI, 33. 

Cuidad, queridos hermanos, de no ofender a Dios, de cumplir con nuestras obligaciones de estado, y Dios nuestro Señor proveerá de nuestras necesidades para alcanzar nuestra realización en la presente vida, y la eterna bienaventuranza. 

Muy a este propósito escribía San Francisco Javier a San Ignacio de Loyola antes de emprender un viaje muy peligroso a Japón: “Aunque camine, no solo en tierra de bárbaros,  mas aun en el mismo reino del demonio, ninguna barbaridad o rabia del demonio me podrá dañar, si no es con permiso y licencia del Señor; y así sólo una cosa temo, que es ofender á Dios; porque si no le ofendiere, me prometo segura victoria de todos mis enemigos” Vida y milagros de san Francisco Javier, página. 203. 


Dios te bendiga.



Comentarios
* No se publicará la dirección de correo electrónico en el sitio web.